Llegó a las pantallas de cine nicaragüense “Barry Seal, el traficante”, una película basada en hechos reales que relata la explosiva historia de este piloto norteamericano, considerado uno de los mejores  en su tiempo, reclutado por la CIA y luego por la DEA. En sus viajes por el mundo, Seal hizo “una escala” por Nicaragua que aún sigue causando controversias.

Su trabajo inicialmente consistió en fotografiar las trincheras guerrilleras a lo largo de Latinoamérica.

Según la película, entre 1979 – 1990, Seal se encargó de transportar las armas a Nicaragua y de llevarse a miembros de la “contra” a entrenar en los Estados Unidos.

En uno de sus viajes el famoso y temido narcotraficante colombiano Pablo Escobar lo intercepta con algunos cómplices, para convencerlo de trabajar para ellos transportando cocaína de Colombia hacia Miami. Barry acepta. Se vuelven socios y las ganancias del cartel de Medellín aumentan.

De esa unión se cuentan muchas historias y algunas las vinculan con Nicaragua. Por ejemplo, se dice que Pablo y Barry solían buscar terreno en el país a fin de establecer el negocio. Pero no es confirmado.

En el libro “Pablo Escobar: Mi Padre, las historias que no deberíamos saber” el único descendiente varón de capo cuenta como le desagradaba estar en Managua en esa época, en guerra, donde “no había ni una juguetería” y que prefería regresar a Panamá.

Las cosas se complicaron cuando Barry Seal, obligado por la DEA, fotografió a Pablo cargando 600 kilos de cocaína. La operación tenía por objetivo recopilar las evidencias necesarias para atrapar al narcotraficante.

La “traición” Seal la pagaría con sangre dos años más tardes. El líder del cartel de Medellín cuya falta de memoria no era una de sus características, ordenaría a sus sicarios ejecutar el asesinato en Luisiana, Estados Unidos.

Cierto o no, la película está cargada de mucha acción, emoción y momentos de tensión. Para los amantes de historias similares es una muy buena opción para relajarse en fin de semana.

María Delia Estrada – Studio UAM