La madre tierra es impredecible. Puede ofrecer espectáculos maravillosos y al mismo tiempo, hacer temblar pueblos y naciones enteras cuando reclama respeto. Las últimas semanas las calles de Managua escurrieron el llanto torrencial de la naturaleza que dejó edificios inundados, vehículos dañados y sitios intransitables, esbozando   un preocupante panorama como evidencia de malas prácticas de la población.

La capital centroamericana no es la  única en sufrir los estragos de la naturaleza ante la falta de una cultura en pro del medio ambiente. Entre los meses de  agosto y septiembre de este año, cinco huracanes devastaron las islas del Caribe y Estados Unidos.  Rusia tuvo en Enero un registro histórico de baja temperatura de  -37.4  grados centígrados,  que mató a más de 60 personas y  Emiratos Árabes, Pakistán y Marruecos registraron la mayor temperatura de la historia con 54º centígrados.

Un mes después  un poderoso terremoto de 6,7 grados en la escala abierta de Richter sacudió la comunidad filipina de Surigao, causando la muerte de 15 personas  y 200 heridos. Este fue posiblemente el inicio de una cadena de eventos tectónicos de magnitudes catastróficas.  México  y Puerto Rico fueron los países más afectados recientemente.

Las noticias que a diario se reportan en los medios hacen pensar  a los ambientalistas y expertos,  que todos los recientes eventos naturales son consecuencia del efecto invernadero que el ser humano ha causado al medio ambiente.

El efecto invernadero es el fenómeno por el cual ciertos gases retienen parte de la energía emitida por el suelo tras haber sido calentado por la radiación del sol, dando como resultado la elevación inusual de la temperatura. Actúa como un vidrio que rodea la superficie de la tierra.

El problema incrementa con la deforestación. La flora y fauna que por naturaleza deben ayudar a reducir el efecto invernadero están desapareciendo por la intervención humana.

En Nicaragua, Bosawás  constituye la mayor reserva forestal de Centroamérica y la tercera, a nivel mundial. A pesar de su valor, cada día pierde territorio verde a causa de la tala indiscriminada y el comercio ilegal de madera preciosa. Eso sin contar la destrucción de la fauna silvestre.

A pesar de que en nuestro país existe la ley  559  de delitos contra el medio ambiente y los recursos naturales, los casos de explotación ilegal de madera continúan reportándose.

Medios locales informan que solo en el 2014 cerca de 373, 973 hectáreas del núcleo de la reserva fueron devastadas.

Los cambios más simples son los más significativos:   no desperdiciar el agua, de no botar basura, de ahorrar energía y de reforestar nuestras comunidades puede ser el inicio de un gran cambio.

Joanna Ortiz. Studio UAM